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Exterior
de Iglesia Parroquial Planos de la Iglesia Parroquial
Retablo Pinturas Imagen Virgen Asuncion
Datos Curiosos Procesion
del Corpus Procesion Vigilia de
Espigas Retablos Altares
Campanario y Vistas
("ELTIOCAZUELA.COM"
agradece a don Juan Antonio, parroco de la villa, la amabilidad
por atendernos gustosamente)
ANTIGUA FABRICA DE LA
IGLESIA (Anterior a 1.786):
Todas las parroquias del Priorazgo de San Juan
adquirieron el titulo de Santa Maria, siguiendo el ejemplo de la
población principal, Consuegra.
Hasta el siglo XVIII, la Iglesia Parroquial de
Villafranca tomo el nombre de Santa Maria, y a partir de aquel
momento paso a llamarse Nuestra Señora de la Asunción,
distintivo canónico que también adquirieron las demás villas
del Priorato de San Juan.
En su origen, la Iglesia se emplazo en un lugar amplio y
espacioso que con el tiempo se convertiría
en el principal núcleo del pueblo.
La fecha de su primera edificación hay que situarla en
el siglo XVI, en respuesta al capitulo provisional celebrado en
este siglo por el que se ordeno
levantar iglesias, gemelas, en los pueblos de este
Priorato.
Su planta responde al tipo de cruz latina, con crucero
marcado, presbiterio circular, sacristía y dos naves, en su
esquema original.
Al exterior, el perfil de la cabecera era recto, hasta
fines del siglo VIII en que se aumento la Sacristía Norte y se
destaco el perfil ondulado del Presbiterio. La torre se levanto
a los pies del templo, cuadrada, ocupando la nave mayor,
comunicaba el exterior con el interior de la Iglesia, por medio
de dos puertas, una al este y otra al oeste. Al campanario se
ascendía a través de una escalera interior colocada en la nave
pequeña, y por otra que salía al lado del deposito de huesos.
La extensión de la planta antigua de la Iglesia de Santa
Maria de Villafranca era: lado norte 40 m., lado sur 35 m y
medio, lado este 16 m y medio y lado oeste 15 m.
El muro de la Iglesia es de mampostería de piedra de
varias clases, la que daba el suelo y la zona de Villafranca.
También se utilizo el ladrillo. Todo con buena unión y trabazón.
Las esquinas del muro exterior se reforzaron a base de grandes
sillares de piedra.
La pared del mediodía estaba hecha de tierra, de ahí
que en 161 se levantara de piedra, cal y arena. El grosor de sus
muros es de 1m aproximadamente.
La puerta de la Iglesia se situaba en el lado sur. Con el
tiempo se abrió otra enfrente, en la pared norte. Ante las dos
fachadas se extendieron dos atrios, abiertos a modo de pequeños
ensanches.
Si nos atenemos a lo que supone lo mas destacado de la
primitiva iglesia de Villafranca, comenzaremos el estudio por su
Crucero.
El CRUCERO esta formado por la Capilla Mayor, en el
centro, cubierta con bóveda de entrelazada crucería gótica,
con soportes de voladas mensulas, y por los brazos del mismo –
con capillas- cubiertos con bóvedas de media naranja. Las tres
cubiertas descansan sobre amplios arcos de medio punto. La bóveda
de crucería es de ultima época, consta de varios nervios de
cuyas intersecciones penden claves de diferente tamaño. Este
espacio se halla enmarcado por robustos pilares circulares –de
1 m de diámetro-, de alto basamento y capitel moldurado. Se
hallan separados entre si por 7 m poco mas o menos. Es curiosa
la disposición que presentan los dos pilares del crucero, de la
nave central, ya que aparecen doblados por medios pilares de
iguales características. Desde estos arranca el gran arco de
medio punto central.
Por estas cualidades, este Crucero cabe fecharse en la
primera mitad del siglo XVI.
La bóveda de la nave central de la iglesia de Villanueva
de Alcardete (Toledo) es similar a la de este crucero.
En 1651 se cubrió y reparo la bóveda gótica de la
Capilla Mayor.
El Crucero da paso al Presbiterio, semicircular, a través
de un arco de medio punto peraltado. Tiene un fondo de 4,62 m.
Al altar Mayor se accede por unas gradas, y en su frente se
ubica la Capilla de Nuestra Señora. Para este altar era
necesario en 1761, un retablo, pues carecía de él. Solo tenia
“ un cascaron, que hizo la Cofradía del Santísimo, para
colocarle en sus funciones”. Estro nos pone en relación con
la forma de abovedamiento que presentaba la escuela de Siloé,
donde unían veneras con cubiertas de crucería gótica.
Sobre el Presbiterio se hallaba una tribuna o camarín.
Una escalera ponía en comunicación ambos pisos.
La iglesia de Villafranca de los Caballeros ha sufrido
numerosos reparos a lo largo de los siglos. Sobre todo, hay que
citar las grandes reformas de los siglos XVI, XVII y XVIII que,
en parte le quitaron su antiguo carácter.
El tipo mas usual de Sacristía en el mundo barroco fue
el rectangular, adosado a un lado del templo. Así se
encontraba, en 1651, la Sacristía de la Iglesia de Santa Maria
de Villafranca, pegada al lado norte del Presbiterio y cubierta
con armadura de madera.
El 18 de febrero de 1715 se empezó a tramitar su
reparación, por estar totalmente arruinada.
Las dos Dignidades- Arzobispal y Prioral- se encargaron
de su subvención por medio de las rentas y diezmos que percibían
de los vecinos de Villafranca. La Dignidad Arzobispal mando a
Francisco González, alarife y maestro de obras de Toledo, para
que la reconociese. Pero seria Andrés García Parra, vecino
y maestro de obras de Alcazar quien llevase a cabo dicha
obra, por valor de 16.800 reales vellón. Cada interesado en
diezmos debió contribuir con quinta parte de lo que percibiese
al año.
Fue en ese año, 1715, cuando se abrió la zanja de la
Sacristía, enrasada de cal y piedra y los cimientos se
rebocaron de cal. El 7 de noviembre de 1720 todavía se
continuaban las obras y reparos en la Parroquial. El importe de
toda la obra se hizo en tres plazos: el primero al comenzar la
obra, el segundo estando a medias, y el tercero cuando se
finalizo.
El 6 de agosto de 1729, Ignacio Hernández, de
Villafranca, escribió que “...para la reedificación de la
Sacristía de Villafranca se necesitó 16.600 reales”.
El 11 de octubre de 1748, Manuel Pabon, maestro de obras
de Consuegra, advirtió que se tenia que reparar la canal
maestra del tejado de la Sacristía contra la pared del
Presbiterio.
Las ventanas rectangulares, tanto de la Sacristía, como
de los brazos del Crucero, presentan derrames hacia dentro.
A mediados del siglo XVIII se construyo otra sacristía
en el lado opuesto del Presbiterio. En ella fue colocada otra
escalera de acceso a la tribuna.
En 1761 se retejaron ambas sacristías.
Sobre estas bases arquitectónicas se formo el resto de
la Iglesia. Las dos naves, que formaban el cuerpo del templo
primitivo, eran de diferente anchura, había una mayor de 7,70 m
de ancho y otra de menor de 3,70 de ancho. Estas naves se
hallaban separadas por dos columnas cilíndricas de menor sección
que las del Crucero ( de 0,63 m de diámetro). Estas columnas
son rechonchas, de fuste liso y capitel octogono. Los capiteles,
posiblemente modelados en yeso, tienen entre sus molduras
decoración de bolas. Estas dos columnas del cuerpo de la
Iglesia antigua estaban separadas por 7 m y ½ aproximadamente.
Los arcos forneros correspondientes a las dos naves de este
templo son de medio punto, que cargan sobre las mencionadas
columnas, resultando excesivamente anchos y bajos.
El cuerpo de esta parroquial, desde sus comienzos, cubrió
de madera sus dos naves, ya que hasta fijales del siglo CVI se
utilizaron, en su gran mayoría, armaduras de madera en la
cubrición de aquellas.
Según Juan de Arenas, la nave pequeña, en 1731 se
desenvolvió por tener toda la ripio y correas podridas. Entre
las vigas que tenia se pusieron otras nuevas del mismo grueso y
largo, labradas en la misma forma. Se tejó poniendo las canales
a cuerda y lomo.
Manuel Pabon escribió en 1748 que los tejados y las
enmaderaciones de la Iglesia necesitaban repararse. En diciembre
de ese año fue reparada su nave norte.
Todo el interior del templo estaba blanqueado, paredes,
arcos y bóvedas, pero se manchaba con frecuencia a causa de sus
continuas goteras. En 1761 se puso en todos sus muros, yeso
blanco, procedente de Alcazar, y en todas su circunferencia se
echo un rodapié de yeso pardo de 1 vara de alto El importe de
la tercera parte –pagado por la Dignidad Arzobispal- de la
obra en sus armaduras fue 1427 reales y 9 maravedíes vellón.
En 1764 se puso solado a la Iglesia, con baldosas de
Villafranca, para su mayor aseo y duración.
Los artesones o maderaje de la nave mayor se compusieron
en 1775 en dirección poniente y norte.
Dos años después, cuando la Iglesia aun tenia dos
naves, se pensó darle mayor extensión, con un gasto aproximado
de 90.000 a 100.000 reales vellón, sin lograrse, no obstante,
la capacidad necesaria. En el estado que tenia cabían unas mil
personas. Con su aumento, reduciendo a capillas la nave del
norte, y la que se había de hacer en el lado opuesto, quedaría
con menos proporción que la que entonces tenia. Si la mayor
extensión se diera sin capillas, precisaba derribar el templo y
hacer otro nuevo. Los vecino de Villafranca querían contribuir
en la nueva fabrica, con 165 plomadas, los labradores contribuirían
en la conducción de los materiales necesarios, piedra, yeso,
cal, arena, ladrillo y teja.
El Maestro Mayor José Palacios dijo el coste que tendría
la construcción de una iglesia nueva sin salir de los limites
de la que existía, ampliándola a todo cuanto pudiera dar de si
dicha demarcación en su terreno. El Maestro certifico en
febrero de 1778 que si la planta se hacia de nueva fabrica desde
sus cimientos hasta su entera conclusión, derribando todo de la
antigua, separando unos materiales de otros, la iglesia quedaría
cerrada con un antepecho de 4 pies de alto y 2 pies de grueso,
de piedra mampostería con mezcla de cal y arena, y su zócalo
de piedra labrada y albardilla de lo mismo para su mayor
seguridad. Tendría un coste de 230.000 reales a la que se
restaría s20.000 reales de los materiales de la iglesia vieja,
y de estos, 10.000 fueron necesarios par ala demolición, por lo
que vendría a costar 220.000 reales. Y si los labradores
contribuyesen con las peonadas, se quedarían en 200.000 reales.
Por otro lado, el templo se fabricase dándole la amplitud de 6
varas en su latitud y 10 en su longitud, sin salir de su
demarcación, esto costaría 280.000 reales y hechas las bajos
antes dichas se quedarían en 230.000 reales.
Las paredes de la Iglesia no cesaban de desmoronarse
debido a su antigüedad, y la madera de la bóveda se estaba
desuniendo . Al hacer la ampliación de la Iglesia por el lado
sur, la armadura del cuerpo central, se dejaría.
Siguiendo con la planta antigua de la Iglesia de Santa
Maria de Villafranca, encontramos un coro en alto, erigido sobre
dos pilares, en el centro del ultimo tramo del cuerpo de la
Iglesia.
La TORRE de la Iglesia Parroquial responde al modelo de
torre campanario, de esbelto tronco de sección cuadrada,
adosado al cuerpo de la Iglesia hasta los cuerpo abiertos de
campanas a partir de donde se vuelve exenta.
Las diferentes alturas que ha tenido, a lo largo del
tiempo, de distinguen hoy por su colorido. La primera torre
llegaba hasta el primer cuerpo de campanas y terminaba en
chapitel.
Esta arquitectura sufrió –como el resto del edificio-
continuas reparaciones, debido a su antigüedad.
En el año 1651 se tuvo que reparar enteramente por estar
próxima a hundirse.
En el siglo XVIII se realizaron las siguientes obras en
este lugar:
Por el informe de Francisco de Jaén Chacon y Vargas
tenemos noticia de que el suelo de campanas se soló , en julio
de 1731, de ladrillo de Villafranca, se hicieron los pasamanos
de la escalera, se aderezaron los escalones y se recorrieron sus
tejados por 1731 reales. En 1748 se reparo el chapitel por tener
sus maderas podridas. El suelo de la torre se soló
con yeso y ripios en mayo de 1761, y su escalera se
compuso con yeso y piedra.
José Palacios escribió
el día 10 de julio de 1776. en Consuegra, una relación
en la que decía como el chapitel que cubría la torre de esta
Iglesia se hallaba muy destruido y como tenia podrida toda su
enmaderación a causa de la mala disposición en que se había
ejecutado. Por ello, había que deshacerlo por completo y
volverlo a armar poniendo de nuevo todo su maderaje en
entablado. También creyó
necesario entablar el suelo de las campanas y hacer un antepecho
que circundase el hueco que había para que subieses y bajasen
las pesas del reloj, y lo mismo se haría en el suelo de mas
abajo.
El timbalillo que estaba
sobre la sacristía, se cambio a la torre, cerrando el
hueco de campanas que cae a los tejados, con una reja voladiza
de dos hojas y con candado, para evitar la entrada y salida de
las gentes y muchachos.
En el año 1777 la torre estaba, de nuevo, ruinosa por
estar desigual en sus ángulo e inclinada hacia el norte con
muchas piedras quebrantadas. Sin embargo, esa no fue la opinión
del maestro mayor de obras de la Dignidad,
José Palacios, ni del maestro de obras de Herencia,
Antonio González Román, quienes aseguraron que “...la torre
se hallaba perfectamente a plomo por sus cuatro ángulos”.
Las PUERTAS principales de la Iglesia de Villafranca
–una al norte y otra al sur- eran de madera y se encontraban
enmarcadas por una franja de piedra rojiza, terminada en su
parte superior por dos pequeñas volutas.
El hueco de las puertas mide 2,25 m de ancho.
En 1776 se colocaron dos canceles en las dos puertas
laterales de este templo para resguardo del polvo y del aire. Se
hicieron a la francesa en su exterior, y embarrotazos y
peinazos, con su moldura al canto, en su interior, con lo que
tendrían bastante duración. El coste de los dos fue 5.600
reales vellón.
RETABLOS: En 1653, en la Iglesia de Santa Maria de
Villafranca, había siete altares, cuatro colocados en los
brazos del Crucero, otro en el Altar Mayor y otros dos en el
cuerpo de la Iglesia. En el siglo XVIII se redujeron a seis, uno
menos en el cuerpo de la Iglesia.
Retablo Mayor: El Altar Mayor del Presbiterio, ya
dijimos, que carecía de retablo, de ahí que en 1776, José
Palacios, proyectase su construcción. En su informe – donde
incluía el diseño de Consuegra a 13 de septiembre de 1776,
declaraba:”...el Retablo se debera ejecutar con arreglo al
diseño en todas sus dimensiones y se tallaran sus molduras según
perteneze al orden corintio, y lo mismo se entendera por el
Tabernáculo y concluido en esta forma costara doze mil reales
al poco mas o menos. Si se haze solo Tabernáculo, se hara según
se manifiesta en el
mismo diseño, a eszepcion que el dicho tabernáculo sera algun
tanto mas grande de
lo que ha demostrado, para que llene mas el gueco y no parezca
pequeño y tendra de coste de quatro mil reales poco mas o
menos...”
El Retablo de José Palacios se disponía siguiendo la
forma semicircular del Presbiterio. Cuatro columnas corintias,
exentas, de fuste acanalado se levantaban sobre alto basamento
par sostenes un entablamento moldurado con saliente cornisa. El
Altar Mayor se cubría con cascaron y en su frente, caserones.
En el fondo de la pared se imitaron cuadros y hornacinas
fingidas a base de guirnaldas. Esta cóncava estructura recogía
en su interior la mesa del altar y el tabernáculo. Este imitaba
una arquitectura templaria, repitiendo a tamaño menor, el
esquema del retablo. Sobre tres gradas se disponían cuatro
columnitas, también corintias, con su entablamento y cúpula.
Su interior cobijaba el Sagrario, con puertecita adintelada
rematada en frontón triangular.
Según el informe de Alfonso Lujan, hasta el 1789, el
Altar Mayor de esta Iglesia, solo constaba de un trono en el que
estaba colocada las imagen de Nuestra Señora de la Asunción y
donde se exponia el Santísimo en cualquiera de sus funciones.
Esta imagen era de piedra, de tres pies de altura, incluida la
peana. Estaba muy ajada, de ahí que solo pudiera servir para
ser colocada en el frontis de dicha iglesia, donde antes se
veneraba otra del mismo misterio. Esta se encontraba tan
imperfecta que apenas se distinguía lo que representaba. Debajo
de esta imagen se situaba el Sagrario. El Altar Mayor se ornaba
con seis candeleros de bronce
y una cruz con Crucifijo, pequeña, de bronce, y otra de
plata.
Otros Retablos: Respecto a los demás altares hay que señalar
que se hallaban levantados, cuatro en el Crucero – Nuestra Señora
del Rosario en un colateral, en otro Nuestro Señor Resucitado y
Nuestra Señora del Carmen, y a continuación San Francisco y el
Santo Ángel- y uno en el cuerpo e la Iglesia, Nuestra Señora
de la Concepción.
En el altar de Nuestra Señora del Rosario se
administraba la Comunión. Tenia una baranda de madera que luego
se cambio por otra de hierro, compuesta por 104 balaustres.
También, tenia su correspondiente Sagrario y un calderillo par
el agua bendita.
En 1721 hubo un altar dedicado a San Antonio Abad. En el
año 1775 aun se conservaba ese altar, habiendo sido cedido a la
Orden Tercera de San Francisco con la carga de cuidar de él. Su
mesa de altar necesito dorarse, según declaración de Alfonso
Lujan, Prior de Villafranca, al igual que la de Nuestra Señora
del Rosario. Con la obra realizada en la Iglesia, a partir de
1786 aquel altar desapareció por haber en el pueblo una ermita
destinada al culto de San Antonio.
Las imágenes de Nuestra Señora de al Concepción – en
el cuerpo de la Iglesia-, la de Nuestra Señora del Rosario y la
de Nuestra Señora del Carmen- emplazadas en los dos colaterales
del Crucero- eran de medio cuerpo. Siempre se habían vestido de
los caudales de sus cofradías y de la devoción del pueblo.
Las demás imágenes que se veneraban en este templo
–Nuestro Señor Resucitado, el Santo Ángel, San Francisco y
Santa Águeda- eran de talla entera. Destacaban estas dos
ultimas imágenes por su buena talla. Por el contrario, el resto
eran muy imperfectas.
ORNAMENTOS: El licenciado Pedro Martín Mancheño
Barchino, Teniente de Prior de la Parroquial de Villafranca, y
notario apostolico, certifico el 27 de marzo de
1640 “...que en el libro de las quentas y visitas de al
fabrica de dicha parrochial ay ciertos inventarios de los bienes
que tiene en ser la dicha fabrica que su tenor de dichos bienes
vivos y no consumidos con caveza y pie es como sigue: Ybentario
de los hornamento y bienes muebles que tiene de presente la
iglesia parrochial de
esta villa de villafranca mandado hacer por lo señores del aian
tratamiento de ella a ocho de henero deste año de 1637...”.
Entre estos ornamentos de 1637 se citaban: un vaso grande
de plata que estaba en el Sagrario, cruces, incensario y cálices
de plata, capas de terciopelo, de masco, etc..., ternos,
manipulos, casullas, frontales, palio carmesí para el Santísimo
Sacramento con unos amitos de San Juan y un cáliz en medio,
albas, misales, libros, tres atriles, bolsas de corporales, escaños,
campanillas, lámpara de aljófar pendiente del Altar Mayor,
confesionario de
pino, pulpito de madera y otra lámpara de plata pendiente en la
Capilla de Nuestra Señora.
Dentro de este mismo inventario, del 8 de enero de 1637,
aparecía un cuadro de Cristo con la Virgen, pequeño, con marco
dorado, mandado por Pedro Yepes. Otro cuadro al temple sin
especificar su tema. Un lienzo viejo de la Asunción que se
guardaba en la Sacristía, y un cuadro de la Cruz a cuestas.
Desgraciadamente, ninguno de ellos ha llegado a nosotros.
El maestro sastre Francisco García Yébenes, el día 22
de julio de 1731, hizo reconocimiento de todos los ornamentos
que había en la Iglesia, así como de los que faltaban.
El 22 de agosto de 1732 se remitieron a la Iglesia de
Villafranca, los siguiente ornamentos: paños de pulpito
encarnado, verde y blanco, dos bolsas de corporales encarnadas,
dos blancas y dos negras, dos casullas encarnadas, dos blancas y
una negra, una manga encarnada y otra de cruz blanca, una banda
morada, dos paños de cáliz morados, un manual, un pasionario
de coro y dos albas blancas.
Al año siguiente, don Francisco Vaquerizo, dice que
tiene en su poder seis candeleros grandes para la Iglesia de
Villafranca, mandando que vayan a buscarlos a Madrid.
Del 18 de septiembre de 1748 se da una relación de los
ornamentos existentes y de los necesarios. Entre los primeros
había: capas, casullas, ternos de varios colores, albas,
manteles y sobrepellices blancos, entre los libros; cinco
misales, un diurno y un manual, en metal, unas crismeras de
plata, los demás ornamentos eran de hermandades y cofradías.
Entre los segundos citaba: casullas, corporales, terno blanco,
capa negra, terno morado, capa verde, albas, un palio, tres
atriles, tres tablas de las palabras de la consagraron y unas
crismeras par el óleo y crisma de catecúmenos.
El 21 de junio de 1754 se pagaron a Manuel Reina, Maestro
Platero de Toledo, 733 reales y 26 maravedíes vellón por la
hechura de un cáliz y copon dorados, rebajadas las alhajas
antiguas que recibió.
El 14 de marzo de 1778 se vieron necesarios para esta
Iglesia, los siguientes ornamentos y alhajas:
De color encarnado: un terno sin frontal compuesto de
casulla y dalmatitas con collares, manipulo y estolas, capa de
coro, manga de Cruz, paño de facistol, paño de pulpito, paño
de cáliz, banda y bolsas de corporales. Dos paños de cáliz de
damasco y dos bolsas de corporales de lo mismo.
De color blanco: cuatro casullas de damasco con estolas y
manipulos, paños de cáliz y bolsas de corporales. Un paño de
pulpito y otro de facistol de tafetán de Francia.
De color morado: cuatro casullas de damasco con estolas y
manipulos.
De color verde: paños de damasco para cálices y bolsa
de corporales.
De color negro: capa de coro de damasco, tres casullas,
un terno y dos cortinas de lienzo para tapar el Altar Mayor en
tiempo de Semana Santa.
Cuatro albas de Coruña, amitos, siete sabanillas o
manteles para altar, de Bretaña. Una sabanilla para el
Comulgatorio con su encaje de 5 varas y ½ de largo. Tres
sobrepellices, tres cíngulo de seda y doce de hilo, todos
blancos. Tres misales nuevos con el Cuaderno de Santos de
Toledo. Libros; manual, breviario, diurno, cuadernos y salterio
par el coro Dos juegos de sacras con sus tarjetas empergaminadas
del Evangelio de San Juan, y Lavatorio. Diez candeleros de
bronce de 2/3 de alto. Dos cruces de altar con sus crucifijos de
metal dorado. Cruz de metal dorado para la Manga de Parroquia.
Alfombra para el Altar Mayor.
LA PILA Bautismal, en 1651, estaba a los pies de la nave
pequeña de la Iglesia de Santa Maria de Villafranca. La pila es
de piedra porosa, de figura circular y de ½ pie de grueso entre
las líneas cóncava y convexa. Su exterior se halla decorado
con gallones y en su parte superior luce una franja de ovas de
color verdoso. Por sus características se puede fechar en el
siglo XV.
Fue a lo largo del siglo XVII cuando la Iglesia de Santa
Maria de Villafranca, presento mayor numero de frontales. Solo
si no ceñinos al año 1637, podemos citar los siguientes:
-Frontal de
terciopelo negro con cenefas de lo propio, y unas muertes.
-Frontal de
brocado verde con frontaleras de lo mismo.
-Frontales de
damasco colorado, negro, blanco y morado, mandados por su
Alteza.
-Frontal de
damasco blanco con figura de San Sebastián den el centro, con
sus frontaleras y mangas.
-Frontal blanco
con la imagen de Nuestra Señora. Otro en carmesí con el mismo
tema.
-Frontal de
damasco verde con amito de San Juan en medio.
ORGANO: En el coro alto, dispuesto en la nave mayor de la
Iglesia Parroquial de Villafranca estaba instalado el órgano.
En mayo de 1784, Don Pedro Mathe, músico y sacristán
mayor de Herencia, reconoció su interior y exterior, enumerando
las cosas que debían ser compuestas, tasándolas en 300
ducados. En 1785, José de Fuentes Ferre, maestro organero,
natural de Mira (Cuenca), empezó a componer el órgano. Con él
trabajo su sobrino Francisco de Fuentes, hijo de don Manuel de
Fuentes, a cargo del cual estaba la reparación del órgano de
Villafranca, pero al morir, la obra paso a su hijo y hermano.
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