| |
Juan Calderón, gramático,
cervantista, helenista y primer periodista protestante en
castellano (Villafranca de los Caballeros, 1791-Londres, 1855)
JUAN
CALDERON:
© (Del libro “JUAN CALDERON.
AUTOBIOGRAFÍA. Edicion critica de ANGEL ROMERA
VALERO.1997).Editado por la Diputación de Ciudad Real y
Ayuntamieinto de Alcazar de San Juan en 1997, impreso en los
talleres de la imprenta Provincial el dia 19 de Abril de 1997,
en conmemoración del 206 aniversario del nacimiento de Juan
Calderon. Con una tirada de 500 ejemplares.
-
Este libro se puede consultar en la Biblioteca de Villafranca de
los Caballeros, “CM-929-CAL-rom”
Notas
a la edicion de este libro:
PROLOGO
del libro: Juan Calderón Autobiografía. Edición critica de Ángel
Romera Valero(1997):
Es enorme la incuria en que ha caído el estudio de una
de las figuras mas interesantes del humanismo decimonónico en
España, Juan Calderón. El bicentenario de su nacimiento
(diecinueve de abril de 1791) pasó entre sus mismos paisanos
casi desapercibido. Entre las causas podemos contar la censura
ideológica que padeció, cuyas consecuencias perduraron hasta
hoy, el hecho de haber publicado sus obras dispersamente en
otros países, el desinterés que despierta el ya
lejano XIX, la pobreza y estrechez de miras ( con
honrosas excepciones) de la erudición local, la falta de
estimulo, protección y financiación para este tipo de estudios
y la inexistencia efectiva de publicaciones autóctonas
en el terreno de la investigación humanística.
Se pasa por alto con frecuencia que muchas obras fueron
olvidadas porque se adelantaron a su tiempo, o precisamente
porque su amplitud de miras, su riqueza o su rareza no fueron
entendidos en su día, o fueron rechazados por la Inquisición o
las diversas formas de censura que le sucedieron. Ello es
especialmente cierto en España, donde por razones históricas
el pensamiento libre tardo en aparecer. Y este es el caso que
nos ocupa, el de un fraile liberal franciscano exclaustrado que
colgó los hábitos atraído por las doctrinas de los filósofos
materialistas franceses y se convirtió al protestantismo sin
perder nada de su moderado escepticismo.
Pero aparte de estas dificultades para sintonizar la
cultura española con la europea, no son menores las derivadas
de la aridez con que vienen siendo tratadas estas disciplinas
por falta de cuidado en la forma. Nunca excluyó la amenidad y
el estilo la
necesaria precisión, y hoy sobre todo se impone combatir con el estilo la desgana con que nuestros
compatriotas afrontan o toleran conocer su pasado, tan desvaído
por los modos de quienes lo escribieron o escriben. Es mi
esperanza, pues, que este estudio no incurra en esos defectos,
comunes, por ejemplo, a historiadores que olvidan que su ciencia
es una disciplina humanística, o a filólogos que pierden en
las notas no ya la personalidad, cuando el alma, en persecución
de un fáustico rigor que realmente encubre y genera poca comprensión y aun
menos novedad.
Por fortuna, esta investigación ha tenido que
enfrentarse solo con estas diminutas dificultades y antes bien
ha contado con apoyos, en especial de los bibliotecarios que
tuvieron que aguantarme: Gonzalo, modelo de profesionalizad, que
me permitió usar el préstamo internacional en Toledo;
Eustaquio, del Seminario de Ciudad Real, que me proporciono un
articulo por mi desconocido; el simpático archivero diocesano
de Toledo, los tan competentes de Alcazar de San Juan y de
Ciudad Real...Quiero aquí recordar que el amable párroco de
Villafranca ( de los Caballeros) me dejó consultar y copiar
documentos en su iglesia y el industrioso servicio reprografito
de la Biblioteca Nacional me facilito la labor, Bettina Zockler
y Gabino Fernández Campos me franquearon el acceso a nuevas
fuentes documentales y Sally Newton y Ana Ciudad me reportaron
útiles informaciones que he utilizado en este trabajo; por
ultimo, la doctora Maria José Cuesta solvento con una atinada
sugerencia bibliografica unas dudas sobre el hijo pintor de
Calderón. Por ultimo, este texto no habría podido editarse de
no ser por el empeño y buen hacer de José Fernando Sánchez
Ruiz, quien, cuando yo mismo no creía en su publicación,
consiguió sacarla adelante. Quede
aquí a ellos todos mi agradecimiento expreso, y en
especial a mi mujer y a mis alumnos, fuentes de animo cuando los
papeles parecían querer ya sepultarme. Gratitud que extiendo a
quienes con sus observaciones y correcciones puedan mejora esta
obra en el futuro.
EL
AMBIENTE FAMILIAR DE JUAN CALDERON:
Juan Antonio Hermógenes
Calderón Estadero, hijo del medico Juan Calderón, natural de
Arganda, y de Juana Estadero, natural de Alcázar, vino al mundo
a las cinco de la tarde del diecinueve de abril de 1791, en
Villafranca de los Caballeros y fue bautizado en la iglesia
parroquial al día siguiente. Fue su madrina Maria Díaz Alejo,
mujer de Felipe Izquierdo. El padre era medico de este pueblo, y
ciertamente no le falto trabajo, habida cuenta de su proximidad
a lagunas pantanosas (1) que enfermaban de tercianas a sus
vecinos, aunque no llegaron a afectarle las dos desastrosas
inundaciones del Amarguillo (la de septiembre de 1799 anego mas
de setenta casas y rompió el malecón, y la segunda inundo la
población toda el catorce del mismo mes en 1801), ya que si
bien la Autobiografía de 1855 señala que se mudaron a la
cercana Alcázar este mismo año, sabemos por la edición de
1880 que en 1793 el padre fue llamado por los vecinos de Los Yébenes
para ocupar allí una plaza de medico, que desempeño hasta 1804
cuando según verificamos por otros documentos, obtuvo el padre
la plaza de medico segundo de la villa. El caso es que en
octubre de tal año los encontramos instalados en una gran casa
de la céntrica calle de Pringue, actual de la independencia,
cedida por sus tías paternas Andrea y Vicenta. Allí Don Juan
se sostuvo con doscientos cincuenta ducados de vellón anuales
de paga, a trueque de visitar a los vecinos mas pobres y atender
los hospitales, mientras que el medico primero, José Ignacio
Climent, cobraba trescientos y poseía la clientela mas rica.
Como este cumplía ya sesenta y cinco años y treinta y cuatro
de servicio allí, incluidos los de medico segundo, es de
suponer que Calderón podría cobrar las igualas de la parte de
enfermos que no pudiera atender por sus achaques, pues ya en
1826 dejo Ciment su cargo a cambio de una pensión del
Ayuntamiento, siendo sustituido por Calderón.
Según su hijo, el
padre llego a ser medico titular de la villa de Alcázar y
permaneció allí mas de
treinta años. Esto coincide con los datos sobre médicos
alcazareños que suministra, con característica imprecisión,
Rafael Mazuecos, visto que el 26 de septiembre de 1839
presentaron una instancia su sustituto Francisco Antonio Martínez
Dumas y el cirujano Juan Pablo Fernández pidiendo que les
repartieran los emolumentos de la plaza de medico segundo, “
vacante largo tiempo”, y sin haber solicitantes ni ser
probable que los hubiera, a causa de la pobreza del vecindario.
Evidentemente, Martines Dumas, que llegaría a ser alcalde y
diputado provincial, había sustituido ya a Calderón, retirado
o fallecido para esas fechas. Es mas, resulta que Calderón
padre se ocupo en 1827 de estudiar las exenciones del servicio
militar, que se verificaban entonces con anterioridad al sorteo
y se encomendaban al titular, así que por tales años debía de
ser ya medico titular. Un documento del Archivo Histórico de
Alcázar lo confirma: Climent se “jubilo” el 21 de mayo de
1816, como ya hemos visto, y liquido las deudas que el
Ayuntamiento le tenia contraídas ese mismo año. Calderón
ascendió entonces al puesto de medico titular primero con
cincuenta ducados mas de sueldo anual.
En unos quince años
logro reunir cierto capital, pues, fuera de la cesión anterior
de la casa en 1804 y
de una viña por sus tías Andrea y Vicenta, vendió otra en
1834 por dos mil seiscientos reales de vellón, lo que consta
por un recibo del 6 de Octubre de 1837 que nombra a “la viuda
de Don Juan Calderón”, aunque en el índice figura como Juana
Martín Estadero; Ali que el medico murió con anterioridad, y
desde luego después del 7 de enero de 1835, fecha en que este
firmo el protocolo para intercambiar su casa con
la de un tal Julián Pérez de Francisco. Lo mas probable
es que finara a mediados de 1837, pues la viuda, nombrada como
tal, mando sacar una copia
de la escritura de intercambio el 12
de Septiembre de 1837, y suponemos que solo pudo
necesitarla inmediatamente después de que falleciera su marido,
para su hijo Juan. La casa de la calle de Pringue, que poseía
un magnifico palomar, paso pues a poder de Pérez de Francisco,
y los Calderón se aposentaron el una vivienda modesta de la
calle de la Virgen, al lado del convento de San Francisco donde
había ingresado su hijo, hasta que a los dos años falleció
Don Juan, seguramente enfermo de tiempo atrás. No podemos
suponer que a la viuda le faltara sustento, pues las condiciones
de cambio exigían un pago escalonado de la diferencia a favor
de los Calderón desde 1835 hasta el 24 de junio de 1841. Un año
después, Juan Calderón hijo pudo volver a España, gracias a
las excelentes relaciones hispano inglesas establecidas durante
la regencia de su compatriota, el anticlerical general
Espartero. Está por elucidar
si se llevo a doña Juana a Burdeos, o si no se la llevo o había
fallecido ya, que es lo mas aprobable, puesto que no he
encontrado los últimos recibos del pago. El caso es que gran
parte de los bienes familiares ya estaban liquidados entonces y
no reaparece mas el apellido Calderón en la historia de Alcázar.
Por la rama materna,
Calderón descendió de una influyente y extensa familia
alcazareña, los Estadero, que ya hemos estudiado y de la que
tal vez solo interesa destacar la vinculación liberal del que
llegaría a ser teniente coronel Pedro José Estadero (
miliciano nacional voluntario durante el Trienio), que era
hermano de Juana. Esta debía tener un carácter religioso,
sencillo y crédulo, frente a su escéptico marido, si hemos de
creer la anécdota sobre el milagro del padre Antonio que
refiere Nogaret. Le ilusionaba tener un hijo sacerdote, por lo
que preparo a un hermano que Calderón
tuvo con ese objeto, mientras que Juan estaba destinado a
ser medio; pero la muerte de aquel trastorno esa educación.
A la sombra de su tío
paso Juan Caldero hijo la larga Guerra de Independencia, como
secretario suyo. Cual recoge la Autobiografía, el cargo le
permitía continuar sus estudios cómodamente en plena guerra.
La familia materna se
hallaba estrechamente unida a la colectividad: su apellido
figura en los libros de acuerdos capitulares de principios del
XIX, y en el XVIII uno de sus miembros fue escribano propietario
de millones y rentas reales en la Villa. Es de suponer que
durante toda su juventud Calderón estuvo mas sometido a la
influencia de la extensa familia materna que a la de la paterna,
que se encontraba mas lejos, en Arganda.
Pero la vida
municipal de Calderón padre no fue menos activa y curiosa por
otros conceptos. Se han perdido los Libros de acuerdos
capitulares de algunos años, pero por los que quedan sabemos
que en trascendental año de 1808 era individuo diputado del común
en el Ayuntamiento y lo fue hasta 1810, en que el gobierno
josefino impuso un consistorio diferente, encabezado por ya
viejo regente, Francisco de Paula Marañon, cuatro regidores,
dos diputados, un sindico general y un personero. En vista de la
enfermedad del Regente, le sustituyo momentáneamente José
Calvillo de Mendoza, que lo era hasta la fecha, y luego, en
condición interina, Juan Crisóstomo Castellanos. Los antiguos
diputados, Juan Calderón y Antonio Morugan, fueron reemplazados
por Benito Ruiz Raboso y Francisco Ramos Novillo, este entonces
enfermo. Tomaron posesión y juraron fidelidad a la Constitución
de Bayota y a José I el 13 de Marzo de 1810. El comportamiento
de Calderón padre en las dos elecciones siguientes fue
revelador: en la primera no voto, y en la segundo voto
primeramente al enfermo mas invalido de que él, como medico,
recordaba. Este, al ser elegido, escribió al consistorio una
larga carta para excusar por esa razón, y algunas mas, el
desempeño del cargo, y su protesta fue aceptada por el
afrancesado prefecto, el abogado vasco afincado en Ciudad Real,
Florentino Sarachaga. Sin embargo, casi todos lo otros votados
por Calderón fueron elegidos.
Al abandonar las
tropas francesas la villa, dirigiéndose a Toledo el 6 de Abril
de 1813 por la mañana,
el consistorio electo, a instancias del gobierno intruso,
determina cesar en consecuencia para que sean restituidos los
constitucionales; llama a la administración antigua de 1810
para preguntarle su opinión por la tarde, y los pocos que
acudieron, entre los que estaba Calderón padre, que vivía a
apenas, cien metros, resolvieron conceder permiso para que
continuasen el ayuntamiento interinamente. Empero, el 27 de
abril Calderón figura entre los componentes de un llamado
“Ayuntamiento Constitucional” de la villa y firma en una
serie de documentos de fines de 1813 en que se realizan los
tramites para devolver los conventos a los frailes exclaustrados
en tiempos de Jose I. Una lista de monjes del Convento
franciscano, hecha en Septiembre de 1813 con ese motivo, no
recoge el nombre de su hijo, no tanto porque estuviera recluido
en Francia tras la conquista de Valencia por el Mariscal Suchet
cuanto porque en este tipo de listas solo se consignaban los
monjes profesos.
Pero en Marzo de 1814
la firma del padre ya no aparece en los libros de acuerdos,
precisamente entonces se celebra la entrada de Frenando VII por
Cataluña con rogativas, fiestas y redobles de campanas, y se
len dos discursos panegíricos, uno del reverendo padre
trinitario Frey Antonio Peralte y otro del Lector en Sagrada
Teología del convento de San Francisco, Fray Pedro Blanes,
respectivamente en lasa parroquias de Santa Maria, primera en
antigüedad e identificad con las corrientes mas reaccionarias,
y en Santa Quiteria, de construcción mas moderna y de algún
modo cercana a las ideas ilustradas. Recordemos que cuando se
celebro la proclamación de Fernando VII en ésta “por ser mas
espaciosa” el párroco de Santa Maria protesto porque todos
los actos públicos de importancia se habían celebrado siempre
en la mas antigua. La efímera Sociedad Económica de Amigos del
País (1786-1790) se encontraba vinculada en ciertos aspectos a
Santa Quiteria, y esta era desde luego las pobre en rentas y la
mas cercana al conventote San Francisco. No hay que olvidas,
tampoco, los
significativos incidentes habidos durante los primeros compases
del Trienio Liberal, de que hablamos mas abajo, en los que se
zahirió a los Trinitarios, pero no a los franciscanos.
Sin embargo, todavía
requeririan al
doctor Calderon para labores municipales. La famosa Real Cedula
del 30 de Julio habia resuelto que se extinguiesen y disolvieran
“los ayuntamientos que se llamasen constitucionales” y se
restableciesen los existentes en 1808. Al recibirse la noticia
el cuatro de Agosto de 1814, el destituido Calderon vuelve paradójicamente
al consistorio cual diputado del comun. Como los supuestos
anticonstitucionles no entienden nada, piden explicaciones al
Rey a traves del Secretario de Gracia y Justicia ( el siniestro
Francisco Tadeo Calomarde) el 5 de Agosto; entre las firmas va
la de Climent. Calderon, por el contrario, pide apoyo a la
cedula junto al escribno Cuerba el mismo dia. En fin, la
diligencia de toma de posesion se demora hasta el 22 de Agosto
de 1814 por la tarde, y Calderon ejerce como diputado del comun
hasta 1816, en que su nombre ya no figura entre los firmantes
del consitorio municipal, con toda seguridad por carecer de
tiempo, ya que ese mismo año asumio la entera sanidad de la
Villa al sustituir a Climent como medico primero tras la
renuncia de aquel por achaques y vejez y quedar vacante la plaza
de medico segundo. Los avatares e intrigas para cubrirla no
tienen desperdicio, aunque al fin es concedida al madrileño
Jose Torres el 12 de Septiembre de 1816, al que por datos
podemos clasificar como liberal exaltado.
De todo esto deducimo
que Calderon padre era, en tiempos de Godoy, un burgues
medianamente adinerado, “perteneciente a una familia en la
nunca falto de nada”- diria Calderon hijo-, diputado del comun
y muy amante de las tareas municipales reticente al principio y
tibio al cabo frente a los afrancesados, aunque siempre se guio,
inteligentemente, por una moderacion que con dificultad puede
llamarse oportunismo. La reaccion absolutista encabezada por el
Manifiesto de los persas estuvo a punto de pillarle descolocado,
pero logro salir airoso de la misma.
*(1).- Muchas enfermedades de esta localidad las
compartían los vecinos de Alcázar que atendería mas tarde. Así,
en la información a Tomas López, dice el anónimo escritor,
probablemente un párroco de la villa:”..se padecen comúnmente
tercianas de todas clases y, de muy mala especie, las que se
contraen en los molinos de pólvora; calenturas malignas, en que
predomina un principio inflamatorio, por cuyo motivo en la
epidemia de 1781 causo buenos efectos la sangría, los epispásticos
y la quina; probaron también que, aunque murieron algunos, no
fue a correspondencia ni de los enfermos ni de la pobreza: en
esta fue donde con mas viveza insinuó su tiranía, empezándose
a levantar una especie de peste. También se padecen dolores
artríticos, reumáticos, iliacos, pasiones heliacas, diarreas
humorales y dolores nefríticos; de estos se padecen con mucha
frecuencia y terminan con la expulsión de piedras de disforme
magnitud, dignas de toda la atención por su figura, peso y
mole; igualmente padecen hemoptisis, que por su grados viene a
para tisis, y estos no ceden ni aun a los mas decantados
remedios”. Carlos López Bonilla. Una descripción de Alcázar
de San Juan en el siglo CVIII.)*.
©1997 Ángel
Romera Valero
Angel Romera Valero, escritor de este libro
mencionado mas arriba (Ubeda 1962), es profesor de literatura
española en el IES "Clavero Fernandez de Cordoba" de
Almagro (Ciudad Real), escritor, poeta, ensayista,
conferenciate.
|