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ALGUNAS
TRADICIONES Y COSTUMBRES (Madridejos net)
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©
1915-1996 / José Moreno Rosell
© 1982-2004 / José-María Moreno García
BODAS DE AYER Y HOY
(Texto)
La
FARMACIA DE ANTES
Nuestros antepasados no
disponían de tantas farmacias o boticas al alcance de
su mano para sanar enfermedades. Ellos confiaban su
salud y la de los suyos a remedios caseros, hierbas,
tisanas e incluso a la superstición y la brujería.
Pues bien, muchos de esas tradiciones han llegado hasta
nosotros e incluso hoy en día se siguen empleando tal y
como antes se hacía.
A continuación vamos a
elaborar una lista de esos remedios, algunos de los
cuales están basados en la superstición, e incluso
daremos la fórmula o receta de alguno de ellos.
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RESFRIADOS
- Ventosas. Se colocaba una perra gorda en el pecho y
encima un algodón impregnado en alcohol encendido, se
ponía un vaso para taparlo y al hacer el vacío la
carne subía para arriba inundando el vaso. Este remedio
se colocaba sobre todo en el pecho para curar el mal del
frío.
- Papel de estraza mojado en aguarrás se ponía sobre
el pecho y pasadas unas horas el resfriado mejoraba.
-Vino cocido con azúcar muy caliente, se ingería y
mejoraba notablemente el constipado.
-Cataplasmas de harina de linaza o de mostaza aplicadas
calientes sobre el pecho.
En cambio, si hablamos de animales sobre todo de los
destinados al laboreo de la tierra: mulas, burros,
etc... para sanar un constipado a éstos se les daba a
comer las “camisas” de las serpientes previamente
hervidas. Para disimularle el sabor a los animales se
les introducía en la boca con un trozo de pan.
ORZUELOS
- Un higo seco abierto por la mitad y puesto en el ojo.
-Pasar una llave hueca repetidas veces por el orzuelo
para que éste mengue de tamaño y no moleste su picor.
OTITIS
-
Antiguamente para curar la otitis se iba con un dedal a
casa de una recién parida y ésta llenaba el dedal con
la leche de sus pechos. Esta leche se derramaba en el oído
del afectado bajo la creencia de que el dolor lo producía
un gusano allí alojado y que al darle la leche se
estaba quieto y ya no molestaba más, curándose así el
malestar.
CICATRIZACIÓN DE
HERIDAS
- Zullón
de lobo. Se trataba de un hongo o seta que crecía en el
monte generalmente y así llamado porque semejaba el
excremento de un lobo. En su interior contenía un polvo
que se si derramaba en las heridas hacía las veces de
astringente curándolas y cicatrizándolas en un tiempo
récord.
- Para cicatrizar escoceduras o roces en la piel, pero
sin llegar a tener herida, se empleaba el aceite frío
en el que anteriormente se había frito un conejo. Se
dice que la grasa que el conejo suelta al freírse junto
con el aceite de oliva frito era una buena pomada para
curar las escoceduras y calmar su dolor.
DOLOR DE TRIPA
-Se trata
de una superstición, pero se dice que si un gemelo te
tocaba el vientre el dolor desaparecía.
-En cambio si se trataba
de animales de laboreo, se les llevaba a los corrales de
los cerdos para que se revolcasen el morro y se tumbasen
y así se les iba el dolor de tripa.
MAL DE OJO. DOLORES
DE CABEZA
Para el
mal de ojo de todos es conocida la famosa oración que
muchas mujeres del pueblo sabían y recitaban como un
ritual, principalmente a niños pequeños que estaban
muy bien criados y que se decía que habían sido
aojados y por eso lloraban o estaban molestos.
De esta oración tenemos varias versiones, pero el fin
era el mismo. El ritual consistía en mojar el dedo
corazón en aceite y luego dejar caer una gota en un
vaso de agua, si ésta se deshace es que te han aojado y
entonces se te decía la oración. A veces incluso este
ritual no se seguía y sólo hacía falta llevarle a la
persona que iba a decir la oración un trocito de pelo
del afectado/a.
A continuación pondremos las dos versiones que de la
oración han llegado hasta nosotros. No obstante hay que
recordar que casi siempre y como normal general las
recitaban mujeres y que para que surtiesen efecto, éstas
tenían que aprenderlas en viernes santo, sólo así
posteriormente iba a ser válida sino no iba a surtir
efecto.
Versiones:
- (Nombre del afectado/a). Unos ojos te han hecho
mal, tres te habrán de sanar. Padre. Hijo y Espíritu
Santo. La Santísima Trinidad. Si es en la cabeza, Santa
Elena, si es en el cuerpo el Santísimo Sacramento, si
es en los pies, los ángeles treinta y tres. Como estas
palabras son tuyas y verdaderas, Dios te quite todo el
mal que tuvieras. Este rezo se repite tres veces.
- (Nombre del afectado/a). Dos te han aojado y tres te
sanaran. Jesús y María y la santísima trinidad. Si es
en la cabeza Santa Elena, si es en el cuerpo el santísimo
sacramento, si en los pies San Andrés y sus ángeles
treinta y tres. Jesús y María uno, Jesús y Maria dos,
Jesús y Maria tres. (Nombre del afectado/a) Dios te
libre de tabaladillos, aguas azuladas y mal de ojo.
- (Nombre del afectado/a) Santa Elena tuvo a María,
Santa Isabel al señor San Juan, así como estas
palabras son verdaderas te quite todo mal que tuvieses.
Jesucristo viva, Jesucristo no muera, Jesucristo te
quite todo el mal que tengas. Este rezo también se
repite tres veces.
JABÓN PARA LAVARSE
Y PARA LAVAR LA ROPA
Este tipo
de jabón aún se sigue utilizando, aunque ya solamente
para lavar la ropa a mano, pero antiguamente se empleaba
también para lavarse la manos ya que las dejaba muy
limpias y desinfectadas. Su receta es la que sigue:
En un barreño se ponen los siguientes ingredientes:
-Un kilo de sosa caústica.
-Un puñado de sal.
-Siete botes (como medida) de kilo de agua.
-Siete botes de aceite sobrado de frituras.
Todo esto se mueve continuamente en el fuego hasta que
espese, una vez espeso hay que echarlo en una caja de
cartón hasta que se endurezca. Luego se corta del tamaño
que se quiere y ya se puede utilizar para lavar.
Al hilo de esto se cuenta que en Madridejos existía un
almazara y que tras la cosecha de aceituna, cuando ésta
se estaba elaborando para hacerse aceita, la gente se
iba al río y los desechos de esta elaboración, es
decir, la grasa que soltaba formando una balsa por
encima del río, la recogían las mujeres para elaborar
este jabón.
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De
cómo se Ajustaban los Gañanes en las Casas
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El día
29 de septiembre, San Miguel, se entraba en casa del amo
nuevo. A mediodía se salía de la casa del amo viejo y
con el nuevo se ajustaba un precio por día, por
ejemplo. Ese salario era para todo el año, no pudiendo
bajar ni subir; ni el amo ni el gañan, de ese jornal.
Por
este contrato, que se hacía por año, ya tenía que
hacer todos los trabajos que serealizasen en la casa, en
el campo. Si estaba el amo conforme con el criado y éste
con clamo, podía estar varios años sirviendo en una
misma casa.
En las
casas grandes, donde había 3 ó 5 gañanes, los amos
les daban “la misión” a los gañanes, es decir, se
daba un dinero al mayoral para que diera la comida a los
gañanes, aunque el sueldo era más pequeño. La mujer
del mayoral era quien les preparaba las comidas o las
cenas.
Por
las noches, cuando venían del campo, iba el zagal en
casa del mayoral a por la cena para los gañanes. Y en
la cuadra, que era donde dormían y estaban con las
mulas, era donde comían.
Casi
la mayoría de los gañanes ganaban “pujar”, que
consistía en un porcentaje de la cosecha, según
saliese su rendimiento, que el amo daba al gañan.
Aunque esto no era obligatorio.
Por
categoría, los gañanes se dividían en: Mayoral, era
el que mandaba la resto de los gañanes y disponía de
ir donde hiciera falta. Ganaba más sueldo que el
ayudador, que era el que iba por debajo de él. A
continuación estaba el zagal mayor, luego el zagal
segundo y tercero, y así sucesivamente, pues en las
casas muy grandes podían existir hasta cinco o seis gañanes.
Concepción Cano Cañadilla
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Salarios y Costumbres de los Pastores
Los
pastores se ajustaban el 29 de junio de cada año.
Estaban clasificados en categorías: los mayorales, los
ayudadores, los zagales mayores, zagales chicos y los
“chulos”. Ganaban según las cabezas de ganado que
tenían a su mando y según el nivel profesional y
personal.
Además,
el pastor, junto con el rebaño del amo, llevaba unas
pocas ovejas suyas. De éstas el pastor se llevaba la cría
y la lana, pero el amo se quedaba con la leche.
Era
costumbre alimentar a los pastores por parte de los dueños,
por eso en los mandamientos del pastor dice el cuarto:
“ir y venir a por ato en casa del amo”. Hay otro que
dice:
“el ato de Carbina,
es muy largo de contar,
sin vino y sin caldero,
y en las cedras poco pan,
la sal en un trapillo,
y el aceite en un dedal,
y la pella de los perros
se ha quedado en el
lugar”.
También
era costumbre que los pastores llevasen una manta, y
como caso notable les voy a contar que un pastor que era
muy bruto y cabezón al dueño le tenía harto, y éste
un día le dijo que doblara la manta, se la echara al
hombro y cogiera caminito adelante y “pa” el pueblo.
Y el pastor le dijo: encima de despedirme me mandas,
pues ahora cojo la manta arrastra y a troncha barbecho y
derecho ala torre, para que te “jodas”.
Vidal Alcobendas Rosell.
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La
Vida y el Trabajo del Pastor
La
vida y trabajo de pastor tiene sus sacrificios, penas y
alegrías como otros oficios. Desde aquí quiero aclarar
que es un error decir que los pastores estaban siempre
de quintería. Lo que hacía el pastor es estar en su
majada los 365 días del año, excepto cuando venían de
“rodeo” o estaba el ganado en el pueblo. Yo casi
toda mi vida de pastor la he pasado en la majada,
siempre donde está la ermita de la Virgen de
Valdehierro:
“Virgen de
Valdehierro yo te vengo a adorar
en tu ermita
sagrada hecha con piedras
que un día fue mi
majada”.
También
destacar para qué servía el chocillo aldero, que se
hacía con cuatro palos como base, igual que una
camilla. Después se hacia una red para depositar ramas
de cantueso, que servía de colchón cubriéndolas de
pieles de oveja pues eran las que más reservaban del frío
y la humedad. Después se alzaban como los chozos
dejando una pequeña puerta por la que pasabas a gatas.
Se tapaba con alguna espuerta de esparto. Se ponían
siempre al lado de los corrales de bardisco, al lado
contrario de donde viniese el viento. Por ejemplo, si
venía el viento del oeste, se ponían al este con el
fin de estar más abrigados y evitar que por allí
pudiesen atacar los lobos, que siempre atacaban al
contrario de donde viniese el viento. También se les
ponían espuertas viejas a los perros.
Había
un dicho que decía así:
“Un pastor con cada atajo tiene que pasar la noche a
la vera del rebaño, acompañado de sus mastines por si
ladrones o lobos quieren causar algún daño”.
Vidal Alcobendas Rosell.
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Categorías
de los Pastores
En las
ganaderías grandes había trabajando varios pastores,
que a su vez se dividían en diferentes categorías. El
mayoral era el que más mando tenía. Le seguían el
ayudador, el zagal mayor, el zagal chico, según iban
descendiendo, y, por último, estaba el chulo.
El
mayoral se encargaba de la cocina. Si tenía mujer el
amo 1 e daba la misión y era la encargada de guisar con
la ayuda de algún pastor. El mayoral vigilaba los rebaños,
la quesería... Si algún cordero se moría, le quitaba
la piel y se la ponía a un mellizo y la oveja le tomaba
como suyo. Las ovejas conocían a sus crías por el
olfato.
Si había
otoño de hierba, ordenaba con el amo no quitar las
ovejas viejas. Las que estaban mal de las ubres, las
mataban para comérselas los pastores y así tenían
pellejos para hacerse los folis y para el ato. También
aprovechaban las pieles de las ovejas que se morían.
El
ayudador se hacía cargo del primer atajo, de ordeñar
las cabras... Hacía el almuerzo: migas canas o sopas
cabreras. La pella para los perros la preparaba el
ayudador, aunque en algunas ocasiones, la preparaba el
zagal mayor.
El
zagal mayor se encargaba del vacío (ovejas que no están
preñadas, que está largo su paridera), y el menor para
relevar los rodeos.
El
chulo era un chaval de 10 ó 12 años. Se quedaba en la
majada. Fregaba los tarros, cuidaba el rezajo (ovejas
que estaban peores, vigilaban si maman los corderos pues
de los contrario deben de darle de mamar ellos) limpiaba
la majada... Se encargaba de echar los hachos al
levantarse por la mañana.
La
sorda que le pagaban al mayoral era de 30 duros y 30
ovejas; al ayudador, 20 ó 30 duros; a los zagales algo
menos, y al chulo poca cosa. En las Pascuas les daban el
aguinaldo: pastas, mantecados, castañas y nueces,
vino... Y de la cena se encargaba el mayoral, que
preparaba algún recental (cordero) de las mejores
ovejas.
Pasaban
muchos días a la intemperie: días de lluvia, de frío,
con nevadas... soportando todas las inclemencias del
tiempo.
Francisco Sevilla Dorado.
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Como
eran los Mercados de Antaño
El
mercado (o la plaza) se colocaba situando los puestos de
venta a lo largo de los arcos del Ayuntamiento, fuera de
los soportales. Cuando llovía o nevaba, se permitía a
los vendedores colocarse dentro.
Comenzaba
la actividad muy temprano. Un “corredor” o
“alcabalero” distribuía las mesas (propiedad del
Ayuntamiento), en las que luego se exponían las
diversas mercancías. Los vendedores o “placeros”
habituales disponían de puestos o mesas de su
propiedad, con grandes tableros de uralita satinada,
donde colocaban el pescado y la fruta.
Casi
todos pertenecían al ramo de la pesca. Lanzaban al
aire, con grandes voces, la calidad de las sardinas,
besugos, pescadillas y demás variedades que por
entonces se vendían.
Algunas
veces venían a la plaza pescaderos ambulantes con
camionetas de sardinas. Avisaban al pregonero y éste se
encargaba de hacerlo saber recorriendo las esquinas
locales.
Los
carniceros también vendían su mercancía en la plaza.
Tenían mesas tapizadas de hule con un trapecio del que
colgaban las reses. Al finalizar la venta, lo que
sobraba, lo llevaban a un sótano (muy fresco) situado
en el centro de la plaza actual, debajo de lo que era el
Ayuntamiento, hoy desaparecido. Las “mondongueras”
vendían los despojos sobre unas pequeñas mesas.
Depositaban la mercancía en grandes fuentes de loza.
Luego, al igual que los pescaderos, fueron confinados a
locales por higiene.
Según
la época del año, así era el número de vendedores.
En verano venían hortelanos de Consuegra, también hacían
plaza algunos locales. Acudían meloneros de Villacañas,
que formaban enormes montones de sandias y melones.
En
invierno, los “bargueños” (naturales de Bargas) venían
a vender higos, piñones y castañas. Extendían sus
pardas mantas en el suelo y sobre ellas amontonaban la
mercancía. No usaban peso alguno. Tenían unas medidas
de capacidad de diferentes tamaños y vendían” a
tanto la media”.
Empezaron
a venir los martes vendedores de ropa vieja,
“rastro”, los cuales traían para vender efectos de
desecho del ejército: cartucheras, monos, trinchas...
algunos con “mili” de tres guerras: Cuba, Africa y
la Civil Española. También merceros con sus hilos,
puntillas y botones. Especieros, “comineros”, de
Villafranca. Lebrilleros de Bailén con sus enjaezados
burros. Vendedores de picón con sus asnos “enteros”
(sin capar). Canteros de La Mota en carro. Desde Valera,
vendedores de puertas y ventanas.
Cuando
llegaba la época de las matanzas a domicilio, venían
pimenteros de La Vera extremeña. También, algunos vendían
tripas secas para hacer longaniza. A principio del
verano, teníamos a los trincheros de Cantalejo
(Segovia), que vendían sus “trillos” y arreglaban
por las eras con “pernales” los que estaban
averiados. Todos ellos atronaban el espacio con su
fuerte vocerío. No todos venían a vender. Estaban los
trapicheros de Villafranca, que compraban huevos, aves,
conejos y todo aquello factible de ser revendido.
Alrededor
de mediodía y finalizada la venta, recogían los
“placeros” sus puestos. El tío Isaías, el
pregonero, se encargaba de retirar las mesas, barrer
toda la plaza y luego regarla al caer la tarde. Los
alcabaleros, mediada la mañana, cobraban el
“rabiche” a tanto la mesa o el especio ocupado.
Mariano Camuñas Mariblanca.
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La
Venta Callejera o Ambulante
Estos
vendedores recorrían el pueblo ofreciendo su mercancía
dando fuertes voces:
¡A la cal, el calero!,
casi siempre de Consuegra.
¡Limones y paloduz!, el
tío Rondin.
¡Paragüero, lañador!,
el estañador con todo su equipo a cuestas y el hornillo
para fundir el estaño.
¡Se componen tinajas, cántaros,
lebrillos!, Cristóbal, que con su fuerte voz, muy
aguda, se oía a media legua.
¡Bellotas cocidas y
crudas!, un padre con su hijo, de Herencia.
¡Nueces, castañas, piñones...!,
gente de Bargas.
¡Ollas, pucheros,
cazuelas y coberteras!, cacharreros de Consuegra.
¡Arena buena!, peseta la
esportilla llena de arena!, el viejo y ciego arenero,
cuyo pregón era repetido por los zagales chicos;
caminaba asido a la albarde de su burro.
¡Pellejos de conejo y
liebre, quién vende!, López (Cantera).
¡Los trapos viejos, las
pellicas de conejo!, llevo el gran cambio de trapos.
Traperos varios ya todas horas.
El
curilla vendiendo hilos a los corros de las mujeres
sentadas cosiendo a las puertas de sus casas.
¡Mantecado
helado!, ¡Barquillitos de canela!
Mediada
la mañana salían de la posada de la Luisa los que vendían
puercos, casi siempre de raza negra, piñoneros. Las
largas blusas, muy oscuras, señalaban la procedencia de
estos vendedores: Villafranca de los Caballeros. Eran
acompañados por corredores: el Angel “Patas”,
“Gusano” y otros.
Había
también tratantes de mulas, machos y algunos burros. Si
bien éstos no salían de las posadas con sus animales.
Si sacaban alguno era para mostrarle a algún cliente.
Con un
afectuoso recuerdo para “Centimillo” y
“Palanca”, ambos corredores de “pro”.
Mariano Camuñas Mariblanca.
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Los
“quintos” han sido una de las tradiciones más
arraigadas en España a lo largo de este siglo, pero
sobre todo es en los medios rurales donde su estampa es
más familiar y más cercana.
Las calles del pueblo tenían un aroma especial, los
mozos se apoderaban de ellas con sus coplas, la mayoría
de las veces de tono subido o indicando que esa quinta
era la mejor de todas. También solicitaban propinas
para posteriormente pagarse alguna juerga.
Ramiro Álvarez nos cuenta cómo eran los quintos de su
época:
“... Varios días antes de celebrarse la talla
(momento más importante de los quintos, además del
sorteo), se iban juntando en pandillas para la víspera
de la talla e iban casa por casa pidiendo para comprar
una arroba de vino (16 litros).
Cuando iban por la calle cantaban coplillas y cada cual
daba dinero según sus posibilidades y le daban a beber
al que había dado dinero un trago de la garrafa de
vino.
El mismo día de la talla, los familiares y amigos
visitaban la casa del quinto y allí eran obsequiados
con pastas, garbanzos tostados, etc.. así como con la
correspondiente bebida (vino, mosto, gaseosa, sifón,
limonada, etc...) y los visitantes deseaban a la familia
que el día del sorteo sacara buen número y estuviera
lo más cerca posible de su localidad.
También el día del sorteo, el alcalde preguntaba al
quinto si tenía algo que alegar a lo que éste podía
contestar:
Nada.
Hijo de viuda pobre.
Corto de vista.
Pies planos.
Tengo un hermano en la mili.
Etc.
De esta forma algunos de
ellos podían librarse de hacer la mili....”.
Francisco recuerda que el día antes del sorteo los
quintos cantaban este cantar:
“Los quintos somos nosotros,
los soldados quiénes serán,
en el balcón del Ayuntamiento
el domingo por la mañana
Santillos lo dirá”.
Normalmente la talla y el
reconocimiento tenía lugar en el Ayuntamiento que
generalmente estaba lleno por los mozos y sus
familiares. El sorteo que tenía lugar al año
siguiente, no se realizaba en el Ayuntamiento sino en la
Caja de Reclutas de la provincia correspondiente. Allí
se iba para saber qué letras habían salido para los
diversos destinos. La suerte se echaba entre Africa y la
Península, siendo los destinos de Africa los peores,
llenando de disgusto y pesar a familiares, novias y
amigos.
No obstante existía la posibilidad de librarse de
cumplir el servicio militar pagando a otros mozos, que
reemplazaban al titular. La figura de este soldado recibía
el nombre de “soldado de cuota”: Francisco recuerda
que por los años que a él le tocó hacer la mili,
estos mozos se vendían por 2.000 reales, más o menos.
Mariano Camuñas nos habla de todo esto mientras hace
memoria de su época:
“... de la talla se encargaba un empleado del
municipio, el cual una vez tallado el quinto y vista
sana presencia daba el grito de “soldado útil para
servicio”. Si presentaba alguna alegación se
declaraba “soldado útil pendiente de fallo” a
expensas de que la Caja de Reclutas de Toledo finalizara
la revisión del expediente.
El sorteo se celebraba en la localidad de nacimiento
mediante un número por individuo. Los números más
bajos se destinaban a Cuba, Filipinas, Guinea,
Marruecos, etc... Había también cupos, de forma que
los números altos se libraban del servicio. También se
permitía la permuta de destinos mediante estipendios
convenidos entre ambos reclutas.
Más tarde se hizo el sorteo en Toledo, y al igual que
antes, los números más bajos eran destinados a
colonias...”
Francisco nos comenta:
“Mi padre me contaba que en el sorteo de pueblo saco
el 18 y en Toledo el 81, le tocó hacer la mili en
Marruecos. Esto fue en el año 1918, que estaban en
guerra. Paso tres años de mili en guerra, pero lo pudo
contar, suerte que no tuvieron otros muchos. De
Madridejos, entre otros, falleció el Teniente Infantes,
y en su honor existe una calle en nuestro pueblo que
lleva su nombre.
Yo también hice la mili en Marruecos, en el grupo de
Regulares Indígena N 9 de Arcila. El Coronel era de Alcázar
de San Juan y se llamaba Antonio Galeras Pan y Agua. Tenía
un hermano llamado Alfredo que fue Alto Comisario en
Marruecos. En Alcázar existe una calle en el arenal que
lleva el nombre de los Hermanos Galeras. Yo pase bien la
mili, ya lo dice el refrán “por donde vayas, que de
los tuyos haya”. Además, la quinta del 48, que era la
mía, solo estuvo 18 meses, no como la anterior que
estuvo 2 años u otras que estuvieron 3 años o más”.
Por último qué decir de
las numerosas coplillas que los quintos cantaban por el
pueblo y en las que alardeaban de ser los mejores
quintos o simplemente utilizaban el tono picaresco.
Vidal nos hace mención de algunas de ellas:
“Todos los cortos de talla, uncidos en una noria, ya
que no sirven a la patria, que rieguen las
zanahorias.”
“El Ayuntamiento de Madridejos, el de los siete
balcones, donde nos tiene que ver el médico los coj....”
“Las madres son las que lloran que las novias no lo
sientes, que quedan cuatro pollitos, y con ellos se
divierten.”
Finalmente
en 1999 se ha producido el último alistamiento. Es la
quinta del 82. La ley ha suprimido el servicio militar
obligatorio, dando lugar así a un ejército
profesional.
Pero no
olvidemos una cosa: decir en un pueblo pequeño que
alguien es “quinto mío” suele llevar implícito el
concepto de amistad.
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ENTIERROS,
LUTOS Y CEMENTERIOS
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No
tenemos muy lejana la imagen del luto, es decir, de la
ropa negra, ya que aún persiste la tradición, salvo
con la diferencia de que antes se mantenía el luto
durante más años que ahora. Incluso antes, los hombres
en estas circunstancias, se ponían la camisa y el
pantalón también negros, bien fuesen éstos de pana o
de género. También los hombres podían mostrar su
dolor mediante un brazalete en la manga izquierda, un
pico de la solapa o un botón en la chaqueta, por
supuesto de color negro.
La
tradición era tan extrema que incluso abarcaba a las
novias que se iban a casar, luciendo éstas el día de
su boda un vestido negro si estaban de luto, con la única
salvedad del velo que sí que era blanco.
Por lo
que respecta al velatorio, los más cercanos al difunto,
la noche del mismo, obsequiaban a la familia de éste
con chocolate, tortas o bizcochos, para que la vela
fuese más llevadera.
Los
entierros varían mucho de una localidad a otra aunque
por tradición, pasada la misa, el pésame se daba en el
exterior de la iglesia o en el exterior de la casa
(después de la inhumación del cuerpo), pasando
primeramente los hombres y una vez que terminaban éstos,
lo hacían las mujeres.
Finalmente
todo concluía con el entierro, el posterior rosario en
casa del difunto y el reparto de esquelas mortuorias a
los más allegados. En estas esquelas podía figurar la
foto o no del difunto, la fecha de nacimiento y muerte,
y una oración o responso para ser rezada por el alma
del muerto.
Pasado
ya un año se celebraba la tradicional misa de cabo de año,
en la que si también se quería se volvían a repetir
las condolencias a los familiares.
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