ALGUNAS TRADICIONES Y COSTUMBRES (Madridejos net)

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© 1915-1996 / José Moreno Rosell
© 1982-2004 / José-María Moreno García

  BODAS DE AYER Y HOY (Texto)

La FARMACIA DE ANTES

Nuestros antepasados no disponían de tantas farmacias o boticas al alcance de su mano para sanar enfermedades. Ellos confiaban su salud y la de los suyos a remedios caseros, hierbas, tisanas e incluso a la superstición y la brujería. Pues bien, muchos de esas tradiciones han llegado hasta nosotros e incluso hoy en día se siguen empleando tal y como antes se hacía.

A continuación vamos a elaborar una lista de esos remedios, algunos de los cuales están basados en la superstición, e incluso daremos la fórmula o receta de alguno de ellos.  

RESFRIADOS
- Ventosas. Se colocaba una perra gorda en el pecho y encima un algodón impregnado en alcohol encendido, se ponía un vaso para taparlo y al hacer el vacío la carne subía para arriba inundando el vaso. Este remedio se colocaba sobre todo en el pecho para curar el mal del frío.
- Papel de estraza mojado en aguarrás se ponía sobre el pecho y pasadas unas horas el resfriado mejoraba.
-Vino cocido con azúcar muy caliente, se ingería y mejoraba notablemente el constipado.
-Cataplasmas de harina de linaza o de mostaza aplicadas calientes sobre el pecho.
En cambio, si hablamos de animales sobre todo de los destinados al laboreo de la tierra: mulas, burros, etc... para sanar un constipado a éstos se les daba a comer las “camisas” de las serpientes previamente hervidas. Para disimularle el sabor a los animales se les introducía en la boca con un trozo de pan.

ORZUELOS
- Un higo seco abierto por la mitad y puesto en el ojo.
-Pasar una llave hueca repetidas veces por el orzuelo para que éste mengue de tamaño y no moleste su picor.

OTITIS
- Antiguamente para curar la otitis se iba con un dedal a casa de una recién parida y ésta llenaba el dedal con la leche de sus pechos. Esta leche se derramaba en el oído del afectado bajo la creencia de que el dolor lo producía un gusano allí alojado y que al darle la leche se estaba quieto y ya no molestaba más, curándose así el malestar.

CICATRIZACIÓN DE HERIDAS
- Zullón de lobo. Se trataba de un hongo o seta que crecía en el monte generalmente y así llamado porque semejaba el excremento de un lobo. En su interior contenía un polvo que se si derramaba en las heridas hacía las veces de astringente curándolas y cicatrizándolas en un tiempo récord.
- Para cicatrizar escoceduras o roces en la piel, pero sin llegar a tener herida, se empleaba el aceite frío en el que anteriormente se había frito un conejo. Se dice que la grasa que el conejo suelta al freírse junto con el aceite de oliva frito era una buena pomada para curar las escoceduras y calmar su dolor.

DOLOR DE TRIPA
-Se trata de una superstición, pero se dice que si un gemelo te tocaba el vientre el dolor desaparecía.

-En cambio si se trataba de animales de laboreo, se les llevaba a los corrales de los cerdos para que se revolcasen el morro y se tumbasen y así se les iba el dolor de tripa.

MAL DE OJO. DOLORES DE CABEZA
Para el mal de ojo de todos es conocida la famosa oración que muchas mujeres del pueblo sabían y recitaban como un ritual, principalmente a niños pequeños que estaban muy bien criados y que se decía que habían sido aojados y por eso lloraban o estaban molestos.
De esta oración tenemos varias versiones, pero el fin era el mismo. El ritual consistía en mojar el dedo corazón en aceite y luego dejar caer una gota en un vaso de agua, si ésta se deshace es que te han aojado y entonces se te decía la oración. A veces incluso este ritual no se seguía y sólo hacía falta llevarle a la persona que iba a decir la oración un trocito de pelo del afectado/a.
A continuación pondremos las dos versiones que de la oración han llegado hasta nosotros. No obstante hay que recordar que casi siempre y como normal general las recitaban mujeres y que para que surtiesen efecto, éstas tenían que aprenderlas en viernes santo, sólo así posteriormente iba a ser válida sino no iba a surtir efecto.
Versiones:
- (Nombre del afectado/a). Unos ojos te han hecho mal, tres te habrán de sanar. Padre. Hijo y Espíritu Santo. La Santísima Trinidad. Si es en la cabeza, Santa Elena, si es en el cuerpo el Santísimo Sacramento, si es en los pies, los ángeles treinta y tres. Como estas palabras son tuyas y verdaderas, Dios te quite todo el mal que tuvieras. Este rezo se repite tres veces.
- (Nombre del afectado/a). Dos te han aojado y tres te sanaran. Jesús y María y la santísima trinidad. Si es en la cabeza Santa Elena, si es en el cuerpo el santísimo sacramento, si en los pies San Andrés y sus ángeles treinta y tres. Jesús y María uno, Jesús y Maria dos, Jesús y Maria tres. (Nombre del afectado/a) Dios te libre de tabaladillos, aguas azuladas y mal de ojo.
- (Nombre del afectado/a) Santa Elena tuvo a María, Santa Isabel al señor San Juan, así como estas palabras son verdaderas te quite todo mal que tuvieses. Jesucristo viva, Jesucristo no muera, Jesucristo te quite todo el mal que tengas. Este rezo también se repite tres veces.

JABÓN PARA LAVARSE Y PARA LAVAR LA ROPA
Este tipo de jabón aún se sigue utilizando, aunque ya solamente para lavar la ropa a mano, pero antiguamente se empleaba también para lavarse la manos ya que las dejaba muy limpias y desinfectadas. Su receta es la que sigue:
En un barreño se ponen los siguientes ingredientes:
-Un kilo de sosa caústica.
-Un puñado de sal.
-Siete botes (como medida) de kilo de agua.
-Siete botes de aceite sobrado de frituras.
Todo esto se mueve continuamente en el fuego hasta que espese, una vez espeso hay que echarlo en una caja de cartón hasta que se endurezca. Luego se corta del tamaño que se quiere y ya se puede utilizar para lavar.
Al hilo de esto se cuenta que en Madridejos existía un almazara y que tras la cosecha de aceituna, cuando ésta se estaba elaborando para hacerse aceita, la gente se iba al río y los desechos de esta elaboración, es decir, la grasa que soltaba formando una balsa por encima del río, la recogían las mujeres para elaborar este jabón.

 

De cómo se Ajustaban los Gañanes en las Casas

El día 29 de septiembre, San Miguel, se entraba en casa del amo nuevo. A mediodía se salía de la casa del amo viejo y con el nuevo se ajustaba un precio por día, por ejemplo. Ese salario era para todo el año, no pudiendo bajar ni subir; ni el amo ni el gañan, de ese jornal.

Por este contrato, que se hacía por año, ya tenía que hacer todos los trabajos que serealizasen en la casa, en el campo. Si estaba el amo conforme con el criado y éste con clamo, podía estar varios años sirviendo en una misma casa.

En las casas grandes, donde había 3 ó 5 gañanes, los amos les daban “la misión” a los gañanes, es decir, se daba un dinero al mayoral para que diera la comida a los gañanes, aunque el sueldo era más pequeño. La mujer del mayoral era quien les preparaba las comidas o las cenas.

Por las noches, cuando venían del campo, iba el zagal en casa del mayoral a por la cena para los gañanes. Y en la cuadra, que era donde dormían y estaban con las mulas, era donde comían.

Casi la mayoría de los gañanes ganaban “pujar”, que consistía en un porcentaje de la cosecha, según saliese su rendimiento, que el amo daba al gañan. Aunque esto no era obligatorio.

Por categoría, los gañanes se dividían en: Mayoral, era el que mandaba la resto de los gañanes y disponía de ir donde hiciera falta. Ganaba más sueldo que el ayudador, que era el que iba por debajo de él. A continuación estaba el zagal mayor, luego el zagal segundo y tercero, y así sucesivamente, pues en las casas muy grandes podían existir hasta cinco o seis gañanes.

Concepción Cano Cañadilla

 

Salarios y Costumbres de los Pastores

Los pastores se ajustaban el 29 de junio de cada año. Estaban clasificados en categorías: los mayorales, los ayudadores, los zagales mayores, zagales chicos y los “chulos”. Ganaban según las cabezas de ganado que tenían a su mando y según el nivel profesional y personal.

Además, el pastor, junto con el rebaño del amo, llevaba unas pocas ovejas suyas. De éstas el pastor se llevaba la cría y la lana, pero el amo se quedaba con la leche.

Era costumbre alimentar a los pastores por parte de los dueños, por eso en los mandamientos del pastor dice el cuarto: “ir y venir a por ato en casa del amo”. Hay otro que dice:

“el ato de Carbina,

es muy largo de contar,

sin vino y sin caldero,

y en las cedras poco pan,

la sal en un trapillo,

y el aceite en un dedal,

y la pella de los perros

se ha quedado en el lugar”.

También era costumbre que los pastores llevasen una manta, y como caso notable les voy a contar que un pastor que era muy bruto y cabezón al dueño le tenía harto, y éste un día le dijo que doblara la manta, se la echara al hombro y cogiera caminito adelante y “pa” el pueblo. Y el pastor le dijo: encima de despedirme me mandas, pues ahora cojo la manta arrastra y a troncha barbecho y derecho ala torre, para que te “jodas”.

Vidal Alcobendas Rosell.


La Vida y el Trabajo del Pastor

La vida y trabajo de pastor tiene sus sacrificios, penas y alegrías como otros oficios. Desde aquí quiero aclarar que es un error decir que los pastores estaban siempre de quintería. Lo que hacía el pastor es estar en su majada los 365 días del año, excepto cuando venían de “rodeo” o estaba el ganado en el pueblo. Yo casi toda mi vida de pastor la he pasado en la majada, siempre donde está la ermita de la Virgen de Valdehierro:

“Virgen de Valdehierro yo te vengo a adorar

en tu ermita sagrada hecha con piedras

que un día fue mi majada”.

También destacar para qué servía el chocillo aldero, que se hacía con cuatro palos como base, igual que una camilla. Después se hacia una red para depositar ramas de cantueso, que servía de colchón cubriéndolas de pieles de oveja pues eran las que más reservaban del frío y la humedad. Después se alzaban como los chozos dejando una pequeña puerta por la que pasabas a gatas. Se tapaba con alguna espuerta de esparto. Se ponían siempre al lado de los corrales de bardisco, al lado contrario de donde viniese el viento. Por ejemplo, si venía el viento del oeste, se ponían al este con el fin de estar más abrigados y evitar que por allí pudiesen atacar los lobos, que siempre atacaban al contrario de donde viniese el viento. También se les ponían espuertas viejas a los perros.

Había un dicho que decía así:
“Un pastor con cada atajo tiene que pasar la noche a la vera del rebaño, acompañado de sus mastines por si ladrones o lobos quieren causar algún daño”.

Vidal Alcobendas Rosell.


Categorías de los Pastores

En las ganaderías grandes había trabajando varios pastores, que a su vez se dividían en diferentes categorías. El mayoral era el que más mando tenía. Le seguían el ayudador, el zagal mayor, el zagal chico, según iban descendiendo, y, por último, estaba el chulo.

El mayoral se encargaba de la cocina. Si tenía mujer el amo 1 e daba la misión y era la encargada de guisar con la ayuda de algún pastor. El mayoral vigilaba los rebaños, la quesería... Si algún cordero se moría, le quitaba la piel y se la ponía a un mellizo y la oveja le tomaba como suyo. Las ovejas conocían a sus crías por el olfato.

Si había otoño de hierba, ordenaba con el amo no quitar las ovejas viejas. Las que estaban mal de las ubres, las mataban para comérselas los pastores y así tenían pellejos para hacerse los folis y para el ato. También aprovechaban las pieles de las ovejas que se morían.

El ayudador se hacía cargo del primer atajo, de ordeñar las cabras... Hacía el almuerzo: migas canas o sopas cabreras. La pella para los perros la preparaba el ayudador, aunque en algunas ocasiones, la preparaba el zagal mayor.

El zagal mayor se encargaba del vacío (ovejas que no están preñadas, que está largo su paridera), y el menor para relevar los rodeos.

El chulo era un chaval de 10 ó 12 años. Se quedaba en la majada. Fregaba los tarros, cuidaba el rezajo (ovejas que estaban peores, vigilaban si maman los corderos pues de los contrario deben de darle de mamar ellos) limpiaba la majada... Se encargaba de echar los hachos al levantarse por la mañana.

La sorda que le pagaban al mayoral era de 30 duros y 30 ovejas; al ayudador, 20 ó 30 duros; a los zagales algo menos, y al chulo poca cosa. En las Pascuas les daban el aguinaldo: pastas, mantecados, castañas y nueces, vino... Y de la cena se encargaba el mayoral, que preparaba algún recental (cordero) de las mejores ovejas.

Pasaban muchos días a la intemperie: días de lluvia, de frío, con nevadas... soportando todas las inclemencias del tiempo.

Francisco Sevilla Dorado.

 

Como eran los Mercados de Antaño

El mercado (o la plaza) se colocaba situando los puestos de venta a lo largo de los arcos del Ayuntamiento, fuera de los soportales. Cuando llovía o nevaba, se permitía a los vendedores colocarse dentro.

Comenzaba la actividad muy temprano. Un “corredor” o “alcabalero” distribuía las mesas (propiedad del Ayuntamiento), en las que luego se exponían las diversas mercancías. Los vendedores o “placeros” habituales disponían de puestos o mesas de su propiedad, con grandes tableros de uralita satinada, donde colocaban el pescado y la fruta.

Casi todos pertenecían al ramo de la pesca. Lanzaban al aire, con grandes voces, la calidad de las sardinas, besugos, pescadillas y demás variedades que por entonces se vendían.

Algunas veces venían a la plaza pescaderos ambulantes con camionetas de sardinas. Avisaban al pregonero y éste se encargaba de hacerlo saber recorriendo las esquinas locales.

Los carniceros también vendían su mercancía en la plaza. Tenían mesas tapizadas de hule con un trapecio del que colgaban las reses. Al finalizar la venta, lo que sobraba, lo llevaban a un sótano (muy fresco) situado en el centro de la plaza actual, debajo de lo que era el Ayuntamiento, hoy desaparecido. Las “mondongueras” vendían los despojos sobre unas pequeñas mesas. Depositaban la mercancía en grandes fuentes de loza. Luego, al igual que los pescaderos, fueron confinados a locales por higiene.

Según la época del año, así era el número de vendedores. En verano venían hortelanos de Consuegra, también hacían plaza algunos locales. Acudían meloneros de Villacañas, que formaban enormes montones de sandias y melones.

En invierno, los “bargueños” (naturales de Bargas) venían a vender higos, piñones y castañas. Extendían sus pardas mantas en el suelo y sobre ellas amontonaban la mercancía. No usaban peso alguno. Tenían unas medidas de capacidad de diferentes tamaños y vendían” a tanto la media”.

Empezaron a venir los martes vendedores de ropa vieja, “rastro”, los cuales traían para vender efectos de desecho del ejército: cartucheras, monos, trinchas... algunos con “mili” de tres guerras: Cuba, Africa y la Civil Española. También merceros con sus hilos, puntillas y botones. Especieros, “comineros”, de Villafranca. Lebrilleros de Bailén con sus enjaezados burros. Vendedores de picón con sus asnos “enteros” (sin capar). Canteros de La Mota en carro. Desde Valera, vendedores de puertas y ventanas.

Cuando llegaba la época de las matanzas a domicilio, venían pimenteros de La Vera extremeña. También, algunos vendían tripas secas para hacer longaniza. A principio del verano, teníamos a los trincheros de Cantalejo (Segovia), que vendían sus “trillos” y arreglaban por las eras con “pernales” los que estaban averiados. Todos ellos atronaban el espacio con su fuerte vocerío. No todos venían a vender. Estaban los trapicheros de Villafranca, que compraban huevos, aves, conejos y todo aquello factible de ser revendido.

Alrededor de mediodía y finalizada la venta, recogían los “placeros” sus puestos. El tío Isaías, el pregonero, se encargaba de retirar las mesas, barrer toda la plaza y luego regarla al caer la tarde. Los alcabaleros, mediada la mañana, cobraban el “rabiche” a tanto la mesa o el especio ocupado.

Mariano Camuñas Mariblanca.


La Venta Callejera o Ambulante

Estos vendedores recorrían el pueblo ofreciendo su mercancía dando fuertes voces:

¡A la cal, el calero!, casi siempre de Consuegra.

¡Limones y paloduz!, el tío Rondin.

¡Paragüero, lañador!, el estañador con todo su equipo a cuestas y el hornillo para fundir el estaño.

¡Se componen tinajas, cántaros, lebrillos!, Cristóbal, que con su fuerte voz, muy aguda, se oía a media legua.

¡Bellotas cocidas y crudas!, un padre con su hijo, de Herencia.

¡Nueces, castañas, piñones...!, gente de Bargas.

¡Ollas, pucheros, cazuelas y coberteras!, cacharreros de Consuegra.

¡Arena buena!, peseta la esportilla llena de arena!, el viejo y ciego arenero, cuyo pregón era repetido por los zagales chicos; caminaba asido a la albarde de su burro.

¡Pellejos de conejo y liebre, quién vende!, López (Cantera).

¡Los trapos viejos, las pellicas de conejo!, llevo el gran cambio de trapos. Traperos varios ya todas horas.

El curilla vendiendo hilos a los corros de las mujeres sentadas cosiendo a las puertas de sus casas.

¡Mantecado helado!, ¡Barquillitos de canela!

Mediada la mañana salían de la posada de la Luisa los que vendían puercos, casi siempre de raza negra, piñoneros. Las largas blusas, muy oscuras, señalaban la procedencia de estos vendedores: Villafranca de los Caballeros. Eran acompañados por corredores: el Angel “Patas”, “Gusano” y otros.

Había también tratantes de mulas, machos y algunos burros. Si bien éstos no salían de las posadas con sus animales. Si sacaban alguno era para mostrarle a algún cliente.

Con un afectuoso recuerdo para “Centimillo” y “Palanca”, ambos corredores de “pro”.

Mariano Camuñas Mariblanca.

 

Los Quintos y la Mili

 

Los “quintos” han sido una de las tradiciones más arraigadas en España a lo largo de este siglo, pero sobre todo es en los medios rurales donde su estampa es más familiar y más cercana.
Las calles del pueblo tenían un aroma especial, los mozos se apoderaban de ellas con sus coplas, la mayoría de las veces de tono subido o indicando que esa quinta era la mejor de todas. También solicitaban propinas para posteriormente pagarse alguna juerga.
Ramiro Álvarez nos cuenta cómo eran los quintos de su época:
“... Varios días antes de celebrarse la talla (momento más importante de los quintos, además del sorteo), se iban juntando en pandillas para la víspera de la talla e iban casa por casa pidiendo para comprar una arroba de vino (16 litros).
Cuando iban por la calle cantaban coplillas y cada cual daba dinero según sus posibilidades y le daban a beber al que había dado dinero un trago de la garrafa de vino.
El mismo día de la talla, los familiares y amigos visitaban la casa del quinto y allí eran obsequiados con pastas, garbanzos tostados, etc.. así como con la correspondiente bebida (vino, mosto, gaseosa, sifón, limonada, etc...) y los visitantes deseaban a la familia que el día del sorteo sacara buen número y estuviera lo más cerca posible de su localidad.
También el día del sorteo, el alcalde preguntaba al quinto si tenía algo que alegar a lo que éste podía contestar:

Nada.
Hijo de viuda pobre.
Corto de vista.
Pies planos.
Tengo un hermano en la mili.
Etc.

De esta forma algunos de ellos podían librarse de hacer la mili....”.

Francisco recuerda que el día antes del sorteo los quintos cantaban este cantar:
“Los quintos somos nosotros,
los soldados quiénes serán,
en el balcón del Ayuntamiento
el domingo por la mañana
Santillos lo dirá”.

Normalmente la talla y el reconocimiento tenía lugar en el Ayuntamiento que generalmente estaba lleno por los mozos y sus familiares. El sorteo que tenía lugar al año siguiente, no se realizaba en el Ayuntamiento sino en la Caja de Reclutas de la provincia correspondiente. Allí se iba para saber qué letras habían salido para los diversos destinos. La suerte se echaba entre Africa y la Península, siendo los destinos de Africa los peores, llenando de disgusto y pesar a familiares, novias y amigos.
No obstante existía la posibilidad de librarse de cumplir el servicio militar pagando a otros mozos, que reemplazaban al titular. La figura de este soldado recibía el nombre de “soldado de cuota”: Francisco recuerda que por los años que a él le tocó hacer la mili, estos mozos se vendían por 2.000 reales, más o menos.

Mariano Camuñas nos habla de todo esto mientras hace memoria de su época:
“... de la talla se encargaba un empleado del municipio, el cual una vez tallado el quinto y vista sana presencia daba el grito de “soldado útil para servicio”. Si presentaba alguna alegación se declaraba “soldado útil pendiente de fallo” a expensas de que la Caja de Reclutas de Toledo finalizara la revisión del expediente.
El sorteo se celebraba en la localidad de nacimiento mediante un número por individuo. Los números más bajos se destinaban a Cuba, Filipinas, Guinea, Marruecos, etc... Había también cupos, de forma que los números altos se libraban del servicio. También se permitía la permuta de destinos mediante estipendios convenidos entre ambos reclutas.
Más tarde se hizo el sorteo en Toledo, y al igual que antes, los números más bajos eran destinados a colonias...”

Francisco nos comenta:
“Mi padre me contaba que en el sorteo de pueblo saco el 18 y en Toledo el 81, le tocó hacer la mili en Marruecos. Esto fue en el año 1918, que estaban en guerra. Paso tres años de mili en guerra, pero lo pudo contar, suerte que no tuvieron otros muchos. De Madridejos, entre otros, falleció el Teniente Infantes, y en su honor existe una calle en nuestro pueblo que lleva su nombre.
Yo también hice la mili en Marruecos, en el grupo de Regulares Indígena N 9 de Arcila. El Coronel era de Alcázar de San Juan y se llamaba Antonio Galeras Pan y Agua. Tenía un hermano llamado Alfredo que fue Alto Comisario en Marruecos. En Alcázar existe una calle en el arenal que lleva el nombre de los Hermanos Galeras. Yo pase bien la mili, ya lo dice el refrán “por donde vayas, que de los tuyos haya”. Además, la quinta del 48, que era la mía, solo estuvo 18 meses, no como la anterior que estuvo 2 años u otras que estuvieron 3 años o más”.

Por último qué decir de las numerosas coplillas que los quintos cantaban por el pueblo y en las que alardeaban de ser los mejores quintos o simplemente utilizaban el tono picaresco.
Vidal nos hace mención de algunas de ellas:
“Todos los cortos de talla, uncidos en una noria, ya que no sirven a la patria, que rieguen las zanahorias.”
“El Ayuntamiento de Madridejos, el de los siete balcones, donde nos tiene que ver el médico los coj....”
“Las madres son las que lloran que las novias no lo sientes, que quedan cuatro pollitos, y con ellos se divierten.”

Finalmente en 1999 se ha producido el último alistamiento. Es la quinta del 82. La ley ha suprimido el servicio militar obligatorio, dando lugar así a un ejército profesional.

Pero no olvidemos una cosa: decir en un pueblo pequeño que alguien es “quinto mío” suele llevar implícito el concepto de amistad.

 

ENTIERROS, LUTOS Y CEMENTERIOS

No tenemos muy lejana la imagen del luto, es decir, de la ropa negra, ya que aún persiste la tradición, salvo con la diferencia de que antes se mantenía el luto durante más años que ahora. Incluso antes, los hombres en estas circunstancias, se ponían la camisa y el pantalón también negros, bien fuesen éstos de pana o de género. También los hombres podían mostrar su dolor mediante un brazalete en la manga izquierda, un pico de la solapa o un botón en la chaqueta, por supuesto de color negro.

La tradición era tan extrema que incluso abarcaba a las novias que se iban a casar, luciendo éstas el día de su boda un vestido negro si estaban de luto, con la única salvedad del velo que sí que era blanco.

Por lo que respecta al velatorio, los más cercanos al difunto, la noche del mismo, obsequiaban a la familia de éste con chocolate, tortas o bizcochos, para que la vela fuese más llevadera.

Los entierros varían mucho de una localidad a otra aunque por tradición, pasada la misa, el pésame se daba en el exterior de la iglesia o en el exterior de la casa (después de la inhumación del cuerpo), pasando primeramente los hombres y una vez que terminaban éstos, lo hacían las mujeres.

Finalmente todo concluía con el entierro, el posterior rosario en casa del difunto y el reparto de esquelas mortuorias a los más allegados. En estas esquelas podía figurar la foto o no del difunto, la fecha de nacimiento y muerte, y una oración o responso para ser rezada por el alma del muerto.

Pasado ya un año se celebraba la tradicional misa de cabo de año, en la que si también se quería se volvían a repetir las condolencias a los familiares.

 

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