
"EVOLUCIÓN DE LA ENSEÑANZA EN LOS ÚLTIMOS 30 AÑOS"
(D.a CARMEN CARPIO, DIRECTORA DEL I.E.S.O "LA FÁLCALA" DE VILLAFRANCA)
Hace 30 años, la enseñanza y la situación social eran muy diferentes. De entrada todavía quedaban colegios femeninos y colegios masculinos y muy pronto estos comenzaron a ser sustituidos por colegios mixtos, aunque dentro de estos encontrábamos aulas exclusivamente de chicos y otras exclusivamente de chicas.
Aunque ya estaba dando sus frutos la lucha que desde mucho tiempo atrás que ya habían emprendido otras mujeres, los estereotipos masculinos y femeninos se seguían manteniendo y desde la familia las niñas aprendíamos labores del hogar o colaborábamos en tareas domésticas mientras que los niños eran eximidos de estos quehaceres o iniciados en otra tareas como las relacionadas con el oficio del padre.
Al término de la EGB, muchas compañeras con rendimientos académicos aceptables fueron retiradas del sistema educativo por sus familias porque entendían que al ser mujeres no tenían necesidad de estudiar y lo que tenían que hacer era ayudar en la casa a las madres y como mucho entraban como aprendices en talleres de costura, peluquerías o comercios o bien realizaban trabajos temporales en el campo, hasta que se casaban.
Más tarde en el Instituto, las chicas teníamos una asignatura llamada hogar donde se nos instruía en los quehaceres domésticos, en el corte y en la confección, mientras que los chicos hacían trabajos de carpintería, electricidad u otros similares. Las clases de educación física eran diferentes para chicos y chicas y anecdóticamente, durante el transcurso de estas clases se organizaban los espacios de tal modo que no coincidíamos nunca los chicos con las chicas.
El fracaso escolar de las hijas no se vivía tan traumáticamente en las familias como el de los hijos, en quienes se depositaban todas las esperanzas de alcanzar un futuro mejor.
La elección de los estudios superiores también se veía condicionada por el sexo y ciertas carreras seguían siendo eminentemente masculinas como eran todas las técnicas y otras seguían siendo estudiadas por mujeres como eran las de magisterio o enfermerías.
Sin embargo el desarrollo político y social alcanzado, fue propiciando la elaboración de leyes cada vez más justas e igualitarias para todos los sectores de la sociedad.
En educación la primera ley que se pronunció en este sentido fue la LOGSE en 1990. En esta se establecía que la educación debía convertirse en un elemento decisivo para la superación de los estereotipos sociales asimilados a las diferencias de sexos y permitía avanzar en la lucha contra la discriminación y la desigualdad, fueran estas por razones de nacimiento, raza, sexo, religión u opinión, tuvieran un origen familiar, social o tradicional o porque aparecieran continuamente en la dinámica de la sociedad.
Todo esto fue permitiendo una mejora global en la situación de las mujeres y su presencia fue siendo cada vez mayor en las empresas privadas y públicas.
Las mujeres, cuya participación en la educación había sido siempre importante porque nos encargábamos principalmente del enorme trabajo y responsabilidad que es educar a nuestros hijos e hijas, entramos de lleno en la enseñanza como profesoras y en todos los niveles educativos, y también aunque lentamente muchas accedimos a cargos con cierta responsabilidad.
Sin embargo, la experiencia actual en el aula nos permite observar actitudes y comportamientos que denotan que nuestros alumnos y alumnas siguen siendo educados en los papeles tradicionales del hombre y la mujer. Estos papeles reflejan una valoración social más positiva de lo masculino, llegándose en algunos casos a una subordinación del género femenino que conduce a la falta de respeto e incluso a conductas discriminatorias hacia la mujer.
En la actualidad observamos muchos indicios que nos llevan a pensar que siguen existiendo desigualdades en la educación. Por ejemplo, es curioso observar día a día en nuestros libros de textos, con los que los profesores y profesoras enseñamos y nuestros alumnos y alumnas aprenden el predominio de personajes masculinos y ocultación de la historia de las mujeres y sus contribuciones a nuestra cultura. Por cada diez hombres con nombre propio que aparecen en los libros de textos, aparece un solo nombre de mujer; y además se puede ver la gran cantidad de ocupaciones masculinas que aparecen, frente a las escasas de las mujeres la mayoría de las cuales aparecen como madres, esposas...
Otro dato también importante es que aunque muchas madres de nuestros alumnos y alumnas son trabajadoras, siguen siendo mayoritariamente las responsables de la educación de éstos/as, tanto en el ámbito doméstico, como en su presencia en el Centro: son las que más suelen trabajar en las Asociaciones de padres y madres; aunque las cartas van dirigidas normalmente al padre, son ellas las que mayoritariamente acuden a los centros a hablar con tutores y tutoras y con el profesorado, las que más se implican en las actividades extraescolares...
Así los/as alumnos/as que tras terminar la ESO, se incorporan al mundo laboral repiten los mismos estereotipos que hace 30 años: los chicos se siguen dedicando a la construcción, la mecánica, agricultura, carpintería, fontanería...., y las chicas suelen inclinarse por trabajos de confección, peluquería, comercio, cuidado de niños, servicio doméstico.
Entre los alumnos y alumnas que prosiguen sus estudios se aprecia algo curioso:
Si acceden a ciclos formativos sigue existiendo algunos que mayoritariamente lo estudian varones (electricidad, mecánica, automoción,....) mientras que otros son elegidos principalmente por chicas (administración, auxiliares de enfermería, jardín de infancia...). Cuando alguna vez se pregunta el porqué de esta decisión en muchas ocasiones responden que no son trabajos propios de su sexo, o temen no encontrar trabajo después por este mismo motivo.
Si los estudios que van a elegir son universitarios, curiosamente esto ya no se observa tanto e indistintamente los alumnos y alumnas tratan de acceder a aquellas carreras universitarias que responden a sus intereses personales. De hecho actualmente en las universidades se encuentran en la misma proporción hombres y mujeres y en algunas ocasiones incluso el número de mujeres sobrepasa al de hombres. Algunas titulaciones que antes eran masculinas se han feminizado, aunque todavía siguen quedando feudos masculinos como son las ingenierías.
Por todo ello, llegamos a la conclusión de que aunque se han producido logros muy importantes en la educación también es cierto que todavía quedan otros muchos por acometer.
Entendemos que educar para la igualdad es ofrecer a todos por igual, posibilidades, valores, modelos diversos pero sin tener en cuenta el sexo, la raza, la religión o el lugar de nacimiento, para que cada cual construya su propia identidad de forma autónoma, responsable y completa.
Somos conscientes que las desigualdades educativas son una de las bases de las futuras desigualdades sociales y en su eliminación tenemos que implicarnos todos y todas en especial si somos referentes para que los jóvenes de hoy sean los adultos del mañana.
D.a CARMEN CARPIO, DIRECTORA DEL I.E.S.O "LA FÁLCALA" DE VILLAFRANCA.